FEDERACION ESPAÑOLA DE MUNICIPIOS Y PROVINCIAS

15 Agosto 2020

“De la literatura y la cría de gallinas”

Estrenamos en esta edición de Carta Local el espacio “Creadoras contra la despoblación”, una nueva sección nutrida con obras en las que los pequeños municipios, el mundo rural y el reto demográfico se convierten en tema principal de la creación de mujeres, escritoras, poetas, ilustradoras, bibliotecarias, editoras, lectoras, etc., que forman parte de AMEIS, la Asociación de Mujeres Escritoras e Ilustradoras creada hace año y medio con la voluntad de integrar y visibilizar a las mujeres de todos estos sectores. Julia Otxoa (San Sebastián, 1953) abre esta sección.



Mi especialidad es la cría de gallinas, visito granjas, asesoro e imparto cursillos para todos aquellos que quieran iniciarse en la producción de gallinas como medio de vida. Yo, en realidad, soy escritora, pero como todo el mundo sabe de los libros no se puede vivir, motivo por el cual la gran mayoría de escritores trabajan a tiempo parcial en otra serie de cosas relacionadas o no con la literatura para conseguir un sustento de vida. 
 
Todo esto de las gallinas empezó para mí de un modo realmente curioso, por aquel entonces la empresa de telecomunicaciones en la que venía trabajando desde hacía más de diez años, seriamente afectada por la crisis financiera que sacudía los Estados Unidos y Europa, realizó una reestructuración de plantilla con el consiguiente despido de un número elevado de empleados entre los cuales me encontraba yo. Así que de la noche a la mañana me vi con la urgente necesidad de encontrar un trabajo que me proporcionara un sueldo para subsistir y poder dedicarme el tiempo restante a escribir. 
 
Una tarde estando en mi estudio reflexionando sobre esta nueva circunstancia que el destino me había deparado, repasé distraídamente los títulos de los libros que, apretujados unos contra otros en las estanterías, parecían esperar cual personajes que yo decidiera al fin qué hacer con mi vida. De pronto, aparecieron ante mis ojos un manual de Rick y Gail Luttmann sobre Cómo criar gallinas junto al Diccionario filosófico de Voltaire y un volumen con los relatos completos de Chejov. Me pareció que aquella mezcla disparatada de gallinas, filosofía y relatos quería decirme algo. Decidí que aquella misma tarde leería aquel libro sobre las gallinas, ignoraba cómo había llegado hasta mi biblioteca, no recordaba en absoluto haberlo comprado, pero esto no era nuevo para mí; desde hacía tiempo veía desaparecer libros de mis estanterías y aparecer otros totalmente desconocidos. Así que aquella tarde al descubrir aquel manual tuve la seguridad de que podía ser un buen presagio, y lo leí de un tirón. 
 
Su lectura fue como un rapto de amor, me quedé totalmente prendada, hasta el punto de que durante un mes acudí todos los días a la biblioteca municipal y me leí exhaustivamente todo lo que encontré sobre el universo gallináceo. Tras todo ello me consideré realmente capaz de poder responder a cualquier pregunta que alguien pudiera hacerme sobre gallinas ponedoras, gallinas para carne o gallinas para exposición.
 
Comencé ofreciendo charlas sobre este tema en ayuntamientos de pequeñas aldeas rurales, resultó tal éxito que en poco tiempo me llovieron las invitaciones y tuve que recorrer medio país visitando granjas e impartiendo cursos acelerados. Pero claro, todo esto lo iba alternando con mis compromisos como escritora, en congresos, charlas sobre mi obra literaria, etc. Durante algún tiempo me organicé bastante bien, dividía mi agenda entre las gallinas y la literatura sin que un sector profesional se viera perjudicado por el calendario del otro, hasta que mi cabeza sin duda alguna demasiado presionada por el excesivo trabajo, me jugó una mala pasada. 
 
Todo comenzó en unas jornadas de literatura en la Universidad de Verano en Santander que trataban sobre la microficción española en el siglo xx, al llegar el turno de mi intervención y tras hablar durante escasos diez minutos sobre la evolución de la microficción a través del tiempo en nuestro país, de pronto y sin venir realmente a cuento, me puse a describir detalladamente las características del palo en el que acostumbran a posarse las gallinas para dormir, les anoto aquí mi disertación gallinácea 
 
El palo debe ser lo suficientemente grueso para que las gallinas puedan sujetarse bien en él con sus patas. Lo ideal sería una barra de unos cinco centímetros, siempre que sus bordes estén bien redondeados. Sin embargo para las gallinas pigmeas puede utilizarse una escalera o mango de escoba, o palos que se balanceen colgando de cadenas o alambres, ya que esta especie de gallinas es muy juguetona y le gusta realizar cabriolas antes de dormir. 
 
Fue tal el desconcierto del público y de mí misma que lo único que deseé en aquellos momentos fue huir, pero la serena voz del profesor que me había presentado, y que permanecía sentado junto a mí en la mesa me lo impidió: “No se preocupe, siga”. A partir de ese momento continué con la conferencia sobre la microficción sin ningún otro percance. Pero mi ánimo como es natural se había quedado seriamente dañado.
 
Este tipo de incidentes se volvió a repetir no sólo en los eventos literarios en los que participaba, también en las charlas sobre gallinas intercalaba reflexiones literarias que dejaban totalmente k.o. a la audiencia granjeril, más interesada en los cuidados de sus gallinas ponedoras que en el mundo literario de la posmodernidad. Pero lejos de suponer esto un serio motivo para que cesaran las invitaciones en uno u otro campo, se multiplicaron aun más. La gente de ambos públicos, literario y gallináceo, encontraba divertido aquel galimatías en el que se habían convertido mis charlas y asistía a los cortacircuitos de mis neuronas como quien asiste entusiasmado a una descabellada sesión circense. 
 
Además llegó un momento en el que yo también le cogí gusto a todas aquellas conferencias disparatadas y dejé de sufrir por el estado caótico de mi cabeza, muy al contrario, mis charlas comenzaron a ser divertidas también para mí y me resultó imposible actuar ya de otro modo distinto al que lo hacía. Para finalizar esta breve semblanza de mi trabajo, he de confesar mi  honda satisfacción por el inesperado rumbo que mi vida tomó hace tiempo, ya que paradójicamente, con mi extraño comportamiento, he logrado interesar a no pocos escritores en la cría de gallinas y a su vez, muchos granjeros han comenzado a escribir pequeños poemas para sus animales. Haber colaborado en el acercamiento de estos dos universos tan distintos es para mí algo tan profundamente hermoso que a veces, reflexionando sobre ello, suelo levitar ascendiendo sobre la tarima de mi habitación durante breves instantes, inmerso mi espíritu en una especie de rapto de felicidad máxima.
 
© Julia Otxoa.
Publicado en la antología Esas que también soy yo. Editorial Ménades.
www.juliaotxoa.net
 
 
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